Resumen:
Clostridioides difficile (C. difficile), una bacteria anaeróbica gram positiva y formadora
de esporas es reconocida como uno de los patógenos más importantes en los centros de
salud. La capacidad de formar esporas induce mayores desafíos para reducir su
transmisión debido a su resistencia. En los últimos años ha incrementado la incidencia
global de la infección por C. difficile, así como la morbilidad y la mortalidad, y ha
disminuido el éxito de los tratamientos1,2. Tanto la disrupción de la mucosa intestinal por
las toxinas, el principal factor de virulencia de C. difficile, como la alteración de la flora
intestinal por los antibióticos son centrales en la patogénesis de la infección por C. difficile
(CDI).
La CDI, es actualmente la principal causa de infección nosocomial en Estados Unidos,
superando a Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA)3
. La principal
forma de transmisión es la fecal-oral mediante el contacto persona-persona al traslado de
C. difficile en las manos de los trabajadores de la salud4
. Sin embargo, la transmisión en
individuos sanos colonizados asintomáticamente ha sido reportada, evidenciando así que
los individuos asintomáticos constituyen un importante reservorio de la enfermedad1
.
Además, es importante destacar que, aunque se considera una enfermedad nosocomial,
los casos de CDI también han comenzado a surgir en la comunidad y en individuos que
no presentan los factores de riesgo típicamente asociados a la CDI. Por otro lado, se ha
observado un aumento significativo de la enfermedad en animales, señalando el potencial
zoonótico, y la presencia de C. difficile en productos derivados y ambientes 5,6
.
A diferencia de América del Norte y Europa, poco se conoce sobre la epidemiología en
América Latina. Solo se dispone de escasos datos sobre la incidencia y la prevalencia de
C. difficile como causa de diarrea en la Argentina7,8,9.
Interesantemente, algunos trabajos
demuestran que, al menos, el 15% de los casos de CDI fueron detectados en pacientes
ambulatorios que presentaban diarrea, destacando el problema de la adquisición
comunitaria de C. difficile9,10
.
El diagnóstico de la CDI se realiza por la combinación de síntomas clínicos y un test
positivo para las toxinas de C. difficile en materia fecal o hallazgos histológicos o
endoscópicos de colitis pseudomembranosa. Existe una gran diversidad de test
disponibles, incluyendo PCR para los genes de las toxinas A y B, enzimoinmunoensayo
(EIA) para la glutamato deshidrogenasa (GDH) de C. difficile y las toxinas A y B, cultivo
toxigénico y ensayo de citotoxicidad celular. Actualmente, el test más utilizado en
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Argentina es el EIA. Si bien este es un método sencillo y de alta especificidad posee una
baja sensibilidad.
La manera más sencilla para diagnosticar la CDI sería mediante un único test rápido capaz
de predecir el estatus de la enfermedad. Sin embargo, como ha sido reportado por Crobach
y colaboradores, se propone la utilización de al menos dos test 11, lo cual reduciría el
porcentaje de falsos positivos.
Debido a esto, uno de los objetivos de este trabajo fue poner a punto una PCR directa a
partir de materia fecal, sin necesidad previa de extracción y purificación de ADN. La
evaluación de parámetros de calidad de la PCR directa arrojó una alta sensibilidad y
especificidad, así como valores confiables de PPV (valor predictivo positivo) y NPV
(valor predictivo negativo). Por otro lado, combinando el EIA, el cultivo toxigénico y la
PCR directa, realizamos un análisis retrospectivo y prospectivo de muestras de materia
fecal obtenidas de centros de salud de la región sanitaria III. De las 97 muestras
analizadas, 27 fueron positivas mientras que 66 fueron negativas para la CDI, lo que
indica un porcentaje del 27.83% de CDI intra-hospitalaria. La implementación de la PCR
directa de materia fecal en los centros de salud, permitiría no solo un diagnóstico más
acelerado, barato y preciso, sino que adicionalmente ayudaría al conocimiento de la
epidemiologia de la CDI en nuestro país.
Además, se analizaron características sociodemográficas, parámetros clínicos y factores
de riesgo asociados a la CDI, como el consumo de antibióticos, inhibidores de la bomba
de protones y la presencia de comorbilidades. Únicamente se observaron diferencias
significativas en el número de leucocitos y linfocitos entre los pacientes CDI+
y CDIsiendo mayores en pacientes colonizados con C. difficile.
A pesar de la caracterización temprana de C. difficile en 1935, esta bacteria ha emergido
como un asunto sanitario urgente en los últimos años. La interacción entre C. difficile y
el sistema inmune del hospedador, como así también la composición de la microflora
intestinal, pueden influir en la gravedad de la infección. La patogénesis de la CDI es
mediada principalmente por la producción de toxinas que inducen daño tisular y procesos
inflamatorios en el hospedador. Si bien la inmunidad innata se encuentra bien
caracterizada en modelos humanos y animales de CDI, las respuestas adaptativas
permanecen poco exploradas12
.
Teniendo en cuenta estos antecedentes, otro de los objetivos del presente trabajo fue
caracterizar la respuesta inmune frente a C. difficile utilizando un modelo de cultivo in
vitro de tejido. El cultivo in vitro de órganos ha mostrado ser muy útil para estudios que
10
implican agentes infecciosos13,14. y nos permitiría lograr una mejor comprensión de la
función de la IL-17 durante la CDI. Los resultados preliminares, nos indican que, podría
existir una modulación en la expresión de IL-17, tras desafiar a los tejidos con distintos
estímulos de C. difficile. Al mismo tiempo, hemos observado una tendencia al aumento
de la expresión de IL-4 e IL-10 luego del desafío con el mismo estimulo. Adicionalmente,
luego de estimular los tejidos con C. difficile teñida con FITC hemos podido observar la
bacteria tanto en la región submucosa como en la mucosa del intestino grueso.
Posteriormente, hemos podido observar que; cuando los tejidos eran desafiados con C.
difficile inactivada por calor había una tendencia al aumento en el número de células
CD3+
IL-17+
y lo mismo ocurría con el número de células CD3-
IL-17+
.